Lili Rojas

Bogotá, Colombia

      El paso por una encarnación más es la divina promesa que Dios nos regaló de que el progreso es el camino que nos conduce a la meta de nuestra creación: “LA FELICIDAD”.

      Y el servir de una forma u otra dentro de una institución espírita, para que seres con sus diferentes vivencias espirituales sean instruidos en su razón al conocimiento de lo que su espíritu necesita para pensar con rectitud y actuar con los valores cristianos necesarios, es valiosa oportunidad de redención para los que nos llamamos Educadores espíritas.

      Y es en los valores cristianos que divulgamos donde esa instrucción es transformada en educación que forma nuestro espíritu y lo prepara para afrontar uno de sus mayores desafíos, SU TRANSFORMACIÓN MORAL.

      Algunos no nos creemos suficientemente preparados para esta tarea, pero allí nos encontramos afirmando que si en esta existencia tenemos un papel tan importante para nuestra humanidad es porque realmente, tanto nosotros los educadores como los aprendices, seremos apoyados por el mundo espiritual para el PROGRESO MUTUO que nos espera, ya que cualquiera de los que hoy leen este escrito, y es guía espiritual encarnado dentro de un aula espírita, sabe que el primero que es educado con cada preparación de clases es el mismo que la planea: el “EDUCADOR”.

      Diferentes experiencias se suman en cada una de las clases, donde muchas veces afirmamos que los que realmente nos enseñan son los niños y jóvenes, y donde podemos encontrar la verdadera perfección de todo lo creado, porque no hay en la tierra quien no tenga nada que aprender de su prójimo ni algo que no pueda ofrecer.

      Muchos llegamos a un aula espírita deseándolo con entusiasmo, ignorando que lo pedimos con clamor antes de encarnar, otros aún no sabemos en qué momento vieron en nosotros alguna cualidad suficiente para delegarnos dicha tarea… Decir hoy que solo la realizamos como PASATIEMPO, sería no creer que lo que estamos realizando nos conviene, tanto a nosotros como a los chicos que asisten a oírnos, y que somos los educadores los más necesitados de estas lecciones, que repetiremos una y otra vez, hasta que nuestra alma las encuentre como única guía para ahuyentar nuestras debilidades.

      Un educador espírita se hace día a día mejor comprometiéndose en su mejora moral, en su educación íntima, en el compromiso arduo de esta tarea que, como consecuencia, lo une día a día más con su guía espiritual, y en la confianza de que lo que realiza es tan importante como lo que hicieron los apóstoles del ayer al divulgar el evangelio de Jesús, desprendiéndose de la vanidad.

      El educador espírita alimenta su alma con cada lección, apacigua emociones que no le son útiles para su progreso, a través del entusiasmo constante de la preparación de su clase, y ,sin darnos cuenta inmediata de que es nuestro camino más seguro para ir dejando lo que no nos conviene como espíritus imperfectos.

      ¿Podríamos llamarlo “pasatiempo”? No, y sí una elección de vida que nos deja aprendizajes que, si no los reconocemos en este momento, los vislumbraremos en un futuro al encontrarnos con cada uno de los seres que en conjunto íbamos alentando a un despertar espiritual.

      ¿Recuerdan su primer día frente a esos pequeños y jóvenes que escucharon atentos y entusiastas sus lecciones, cuando disfrutaron sus actividades y salieron con una sonrisa en su rostro? 

      Guarden esos recuerdos, que realmente marcan la diferencia de nuestras anteriores existencias y donde podemos alentarnos a continuar con compromiso, responsabilidad y alegría la oportunidad que en este presente se nos concede, no por casualidad, como bien sabemos, si no por una causalidad que nos cree merecedores de recibir la ayuda detrás de una pizarra.

      Si hoy te has comprometido con la tarea de educar almas infantiles, seguramente tu alma está trabajando en la conquista de la paciencia, la tolerancia y por encima de todo del amor, valiosas virtudes que se convertirán en tesoros.

      Felicitaciones por la gran tarea de educar niños y jóvenes ansiosos de recomenzar una nueva existencia con oportunidades de triunfo y que, con tu ayuda de educador espírita, seguramente lo podrán lograr. Tu esmero y dedicación sembrará en sus corazones sentimientos de bondad y amor al prójimo.

      Agradeciendo a todos los que trabajan en esta tarea, pues su aporte al progreso de la humanidad será inigualable, esperando que su tarea esté siempre inspirada y resguardada por los guías espirituales y su ejemplo la lección más entendida por todos.

      Y recordemos las palabras de Kardec, recogidas en el Libro de los Espíritus, preg.917, como comentario a una comunicación dictada por Fenelón:

“La educación, si se la entiende como es debido, constituye la clave del progreso moral. Pero no esa clase de educación que sólo tiende a formar hombres instruidos, sino la otra, la que mira a hacer hombres de bien.”

Lili Rojas es espírita, autora del libro Lecciones Infantiles del Evangelio según el Espiritismo, fundadora y presidente de la Institución Espírita Fundación Nuestro Hogar, en una localidad vulnerable en el sur de Bogotá, enfocada en la educación espírita para la infancia y juventud.

 

 

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