Fabio Villarraga – Médico espírita
Colombia

 

     La depresión constituye para la humanidad uno de los flagelos del presente milenio, generada o desencadenada por diversas causas, pero muchas veces sin un origen aparente en la presente existencia. 

     La Organización Mundial de la Salud refiere que existen más de 120 millones de personas con depresión en el mundo, lo que refleja la magnitud de esta patología que seguramente se expresa en los dos planos de la vida.

     
La Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-11 describe la depresión en varias de sus patologías, como en la MB24.5 Estado de ánimo deprimido definido como un “Estado afectivo negativo caracterizado por un estado de ánimo bajo, tristeza, vacío, desesperanza o abatimiento”, pero también clasifica la Depresión mayor, los estados depresivos recurrentes y así existen otras varias formas de expresión de esta patología humana.

     Dentro de las causas de la depresión, o asociadas a ella, podemos encontrar: comportamientos materialistas, sentimientos de pérdida, resentimientos, sentimientos de culpa muchas veces asociados a abortos provocados en esta u otra existencia, uso de sustancias psicoactivas, alcoholismo, causas socioeconómicas, enfermedades orgánicas, etc. Hay que adicionar las causas de origen espiritual, como las perturbaciones espirituales que imantan estados afectivos que buscan desestabilizar emocionalmente la persona; o los estados propios de un alma depresiva que en varias vidas va enfrentando el desafío de esa enfermedad que lo acompaña hasta que logra vencer y constituye un aprendizaje profundo en su devenir evolutivo. Es lo que “El Evangelio según el Espiritismo” de Allan Kardec, nos denomina en su capítulo V, “aflicción con causa pretérita”, pues cuando las causas de las aflicciones no las encontramos en la presente existencia, con certeza están en las vidas pasadas, relacionadas con comportamientos errados o vivencias experimentadas frente a sucesos interiores o exteriores, marcando heridas emocionales, que requieren un tiempo más prolongado para un abordaje terapéutico.

     De acuerdo con la teoría neurobiológica, la depresión estaría asociada a la disminución de la biodisponibilidad de neurotransmisores como noradrenalina, serotonina y dopamina; y por ello los conocidos antidepresivos ayudarían a aumentar esa biodisponibilidad mejorando la sintomatología. Pero desde el análisis espírita, lo que la ciencia médica puede considerar como la causa neurobiológica de la depresión, en realidad nosotros la entenderíamos como un efecto, pues el cerebro físico sería el efector final orgánico de los estados emocionales del alma, que se traduce como un estado vibracional que afecta el funcionamiento del cerebro periespiritual y este a su vez afecta a las regiones talámicas del cerebro físico, disminuyendo así los niveles de neurotransmisores, que es lo detectable en este plano de la vida.

     Nos afirma el psiquiatra espírita Dr. Alexander Moreira, en el capítulo 20 del libro Salud y Espiritualidad, que El nivel de envolvimiento religioso está inversamente asociado al nivel de síntomas depresivos”, lo que indica que esa inmersión en comportamientos religiosos, vividos positivamente en la vida, constituye un antidepresivo comportamental y de creencias, que mejora los síntomas depresivos.

     Igualmente nos refiere la Dra. Susan Andrews, de la Universidad de Harvard, en su obra: “La Ciencia de ser feliz”, que ser bondadoso y generoso, reduce la depresión y promueve la salud aumentando la autoconfianza. Y está plenamente de acuerdo este concepto con lo que nos enseñan los Espíritus, cuando afirman que “la benevolencia para con sus semejantes fruto del amor al prójimo, produce la afabilidad y la dulzura que son su manifestación” (Cap. IX. El Evangelio según el Espiritismo). Y esta misma benevolencia es relacionada con la indulgencia y con el perdón, en el concepto que desarrollan de la caridad en la respuesta de la pregunta 886 de El Libro de los Espíritus. Por lo tanto, la obra kardeciana, desde mediados del siglo 19, nos plantea este tratamiento moral que ahora la ciencia, a través de autores e investigadores contemporáneos, está descubriendo y tiene implicaciones en patologías como la depresión.

     Para los que quieran profundizar en la compresión de la dimensionalidad trascendente y reencarnatoria de esta patología depresiva, recomendamos la lectura y estudio del libro “Caídas y Ascensiones” del espíritu de Víctor Hugo y psicografiado por Divaldo Pereira Franco. Narra la vida de un torero encarnado en la presente existencia, que vive sus experiencias depresivas de varias vidas, asociadas a comportamientos errados del ayer, logrando ascender de sus caídas morales, superando los estados depresivos con la luz de la espiritualidad, del conocimiento espírita, que le abrió un campo profundo de reflexión y comprensión, para entender que era un espíritu inmortal, susceptible de curarse a través de la transformación moral, que fue realizando para reorganizar su vida, aprendiendo a amar a Dios y al prójimo como a sí mismo. Es por ello, que la Ley de Amor ejemplificada por el maestro Jesús hace más de dos mil años, constituye una panacea universal, para la adquisición de la verdadera salud del alma.

 

Fabio Villarraga. Presidente de la Asociación Espírita Senderos de la Esperanza y de la Asociación Médico Espírita de Colombia.

 

Bibliografía.

  1. El Libro de los Espíritus. Allan Kardec
  2. El Evangelio según el Espiritismo. Allan Kardec
  3. La ciencia de ser feliz. Dra Susan Andrews
  4. Caídas y Ascensiones. Victor Hugo/Divaldo Pereira franco

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