Guilherme Fraenkel
Rio de Janeiro, Brasil

Pensar en la evasión de los jóvenes de los centros espíritas, que es una demanda que existe desde hace algún tiempo en nuestra labor de evangelización (educación espírita), nos lleva a pensar en las expectativas que construimos respecto de nuestros seres queridos que fueron conducidos con gran alegría al trabajo de “clases de evangelización” desde pequeños. Es quizás pensar en el papel que el espiritismo y la casa espírita juegan en nuestras vidas en las diferentes etapas de nuestras oportunidades encarnatorias y más allá de ellas.

 

Desde que me involucré en las actividades de evangelización de infancia y juventud a fines del siglo pasado, allá por 1998, y más intensamente después de incorporarme a los movimientos de reflexión sobre el hacer evangelizador en el movimiento espírita, escucho intensas preocupaciones por los altos índices de evasión de los jóvenes a la evangelización.

Como coordinador de un centro de evangelización de infancia y juventud en Río de Janeiro, me he centrado en este tema con gran intensidad y atención para construir una visión sistémica que pueda ser útil para la maduración de nuestras actividades de apoyo a la difusión doctrinal, pero principalmente de apoyo a los espíritus encarnados y desencarnados que caminan con nosotros durante varios años durante este período tan importante de la vida donde construimos conocimientos y establecemos hábitos de manera muy significativa para todo el proceso de encarnación en curso.

En mi experiencia, la evasión de los jóvenes es percibida informalmente en varios centros espíritas de la región de Río de Janeiro y ciudades aledañas como algo importante. Algunos centros logran obtener índices más bajos pero siempre importantes cuando comparamos el número de niños en los ciclos finales de evangelización infantil y el número de adolescentes y jóvenes que continúan asistiendo regularmente a las actividades de evangelización que se ofrecen.

En nuestras observaciones, nos percatamos que además de la gran evasión, hay dos aspectos importantes que nos pueden ayudar a pensar en la integración de los jóvenes al movimiento espírita y que no deben dejar nuestra atención.

 

En primer lugar, nos dimos cuenta de que el movimiento de ingreso al centro espírita a través de los centros de evangelización dirigidos a los jóvenes es pequeño en comparación con el ingreso en la infancia y  en la edad adulta.

Un segundo fenómeno que nos parece interesante es el gran interés de este grupo etario por iniciativas digitales a través de redes sociales y perfiles que debaten temas a la luz de la doctrina espírita utilizando estructuras de diálogo y producción de conocimiento bastante características y distintas a las utilizadas habitualmente en los centros espíritas.

Cuando observo estos tres fenómenos, la alta tasa de evasión, las bajas tasas de ingreso y la gran adhesión a los canales digitales que hablan del espiritismo con un lenguaje dinámico y con menos capas de control formal, noto relaciones que me invitan a pensar no solo en la causas de la evasión, sino efectivamente en los motivos que llevan al joven a los centros espíritas.

Desafortunadamente, aún no hemos podido realizar esfuerzos sistemáticos para recopilar datos sobre estos movimientos de llegada y salida de jóvenes en los centros de evangelización y la falta de investigaciones dirigidas sobre el tema nos lleva a pensar en el tema de la evasión de jóvenes de las evangelizaciones de manera superficial, dirigidas por nuestras impresiones individuales y percepciones aisladas de cada centro espírita sin que podamos aplicar mucha ciencia para comprender mejor el fenómeno.

 

Aún frente a tantas dificultades para pensar en la evasión de los jóvenes a la luz de la ciencia, aprendí sobre la necesidad de pensar en la relación que construimos con las personas que asisten al centro espírita, mirada que también apunta el escritor Álvaro Chrispino en el libro Familia, juventud y educación cuando nos muestra que el espacio relacional es muy importante para una parte significativa de los jóvenes que asisten a los centros espíritas.

 

Pero, ¿comprendemos las expectativas de quienes deciden caminar con nosotros en este camino de superación, autoconocimiento y autoperfeccionamiento a través del espiritismo?

¿Qué podemos ofrecer a los espíritus encarnados y desencarnados que buscan el centro espírita? ¿Qué querrán?


¿Qué están buscando?


¿Qué ofertas les haremos a los bebés, padres, tíos y abuelos de nuestros educandos, a los niños en edad de guardería ya los niños en sus primeras experiencias más conscientes en las etapas de la escuela primaria cuando sean alfabetizados?

¿Qué aportes podemos hacer al espíritu inmortal que comienza a sentir la intensidad de la vida a través de sus inmersiones escolares de descubrimiento del mundo a través de la escuela primaria y la secundaria?

¿Qué herramientas ofrecemos a los espíritus encarnados en sus primeros años de vida adulta cuando se dedican a construir sus propias células familiares y necesitan insertarse en el mercado laboral?

Pienso que en cada etapa de la vida el sujeto plantea cuestiones prioritarias que naturalmente atraen la mirada, incitándolo a elegir los caminos de solución de esas cuestiones en detrimento de otras.

Cuando establecemos el concepto de un laboratorio de prácticas evangélicas en nuestro centro de evangelización espírita con la idea de traer las relaciones humanas, sus logros y sus conflictos a la centralidad de nuestra divulgación doctrinal, empezamos a darnos cuenta de que teníamos mucha dificultad en la escucha y en la comprensión de las expectativas de los niños, jóvenes y sus familias. En consecuencia, nuestra oferta era pobre y muchas veces sin conexión con el individuo, con la familia y con la sociedad.

 

Hoy pienso que esta dificultad para escuchar a los habituales puede ser un factor importante para el establecimiento de lazos relacionales débiles que de alguna manera contribuyen a las mayores tasas de evasión en los jóvenes.

Es precisamente en la juventud que el individuo gana más libertad de ir y venir y el poder de elección. También es en esta etapa que comienza a dejar de lado las relaciones que, en su opinión, no contribuyen objetivamente a su bienestar o entran en conflicto con él. Quizás no sea casualidad que en esta etapa veamos mayores tasas de evasión.

No estoy seguro si la salida de un joven de la casa espírita es motivo de alarma o de celebración. Quizás el joven ha capturado todo el conocimiento que ha encontrado útil y solo está avanzando hacia nuevos vuelos reconociendo la necesidad de otras experiencias.

Quizás el futuro de la casa espírita, contrariamente a lo que muchos dicen, no sea la juventud espírita, sino los espíritus encarnados que reconocen en la doctrina espírita una válida e importante oferta de herramientas relacionales racionales para la resolución de sus conflictos íntimos y para apoyar su crecimiento espiritual.

Desde mi experiencia personal, a menudo me pregunto si, como evangelizadores y responsables de los centros de evangelización, estamos preparados para ofrecer espacios de relación con los jóvenes a través de los cuales puedan percibir la posibilidad de aplicación práctica de todo lo aprendido en la infancia.

¿Estamos siendo capaces de ofrecer un laboratorio donde se generen y apliquen dinámicamente tecnologías de la vida y nuevos conocimientos, satisfaciendo la capacidad activa y emprendedora de los jóvenes?

 

Hoy, más de veinte años después de mis primeros coqueteos con la evangelización, creo que no podemos lidiar con la evasión de los jóvenes de las actividades de evangelización de forma aislada. Necesitamos integrar más profundamente los sectores de los centros espíritas e incluso los propios centros espíritas al movimiento espírita.

Precisamos dialogar mais com a sociedade e com as tendências que ela segue para que nossa oferta se aproxime das expectativas do público e possa oferecer o espiritismo em todo o seu potencial como ferramenta para a tomada de decisões e para a condução dos processos de amadurecimento do sujeito.

Necesitamos dialogar más con la sociedad y con las tendencias que sigue para que nuestra oferta esté más cerca de las expectativas del público y pueda ofrecer el espiritismo en todo su potencial como herramienta para la toma de decisiones y para la conducción de los procesos madurativos del sujeto. 

Referencias Bibliográficas:

– O Progresso – Léon Denis – editora CELD (PT)

– O Grande Enigma – Léon Denis – editora FEB (PT/EN/FR/ES)

– Bem-aventurados os pobres de espírito – Evangelho Segundo o espiritismo – capítulo VII – Allan Kardec – editora FEB (PT/EN/FR/ES)

– Conviver para amar e servir – Sonia Regina Hierro Parolin e Reinaldo Nobre Ponte- editora FEB (PT)

– Modernidade Líquida – Zygmunt Bauman – editora‎ Zahar (PT/EN/FR/ES)

-Você Quer o que Deseja? – Jorge Forbes – editora Manole (PT)

– A metacognição como estratégia reguladora da aprendizagem – Graciela Inchausti de Jou e Tania Mara Sperb (PT/EN)
https://www.scielo.br/j/prc/a/sSCMC3HhLZ5vV3pSKM9ycqc/?lang=pt

– Learnability: uma habilidade para a vida – Patricia Dalpra (PT/EN)
https://ofuturodascoisas.com/learnability-uma-habilidade-para-a-vida/

– Esclarecimento, educação e autonomia em Kant – Paulo César Nodari e Fernando Saugo
http://www.ucs.br/etc/revistas/index.php/conjectura/article/view/892 (PT)

– Mundo BANI: Conheça o conceito e esteja preparo para ele (PT)
https://menvie.com.br/mundo-bani/

– Facing the Age of Chaos – Jamais Cascio (EN)
https://medium.com/@cascio/facing-the-age-of-chaos-b00687b1f51d

Guilherme Fraenkel, nacido en Río de Janeiro, 1976, Analista de Sistemas, Constelador Familiar y Psicoterapeuta en formación, es orador espírita y coordinador del núcleo de evangelización de la infancia y la juventud de la Casa Espírita María de Nazaré, en Río de Janeiro/RJ.

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