“El lugar del autista está en todas partes” es el lema elegido para celebrar el 2 de abril de 2022; una frase que expresa el anhelo básico de quienes tratan a diario con el TEA (Trastorno del Espectro Autista), de respeto, aceptación, acogida e inclusión, el objetivo de todos los que luchan por la causa del autismo. Y, como toda la sociedad, nosotros, educadores espíritas, necesitamos adaptarnos a esta nueva realidad y a este nuevo público, cada vez más presente en nuestras instituciones.

Regiane Cristina Villas Boas Gonzaga
Matão, São Paulo – Brasil

 

Según datos de los CDC (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades), en diciembre de 2021 se registró una nueva prevalencia del autismo en Estados Unidos.

Los datos muestran que 1 de cada 44 niños es diagnosticado con autismo. Estos datos muestran un aumento del 22% con respecto al estudio anterior, publicado, según sabemos, en 2020, que era de 1 de cada 54 niños.

Este aumento de los casos muestra hasta qué punto los investigadores, los trabajadores de la salud y la educación, así como la sociedad en su conjunto (incluidos los templos religiosos) deben estar preparados.

Pero antes es necesario comprender qué es el autismo y cómo identificar sus síntomas.

El Autismo o Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un Trastorno del neurodesarrollo que afecta a la capacidad de relación con las personas y el ambiente. Los individuos con Autismo poseen fallos en la comunicación, la interacción social y el comportamiento. La palabra “espectro” se utiliza debido a los diversos niveles de deficiencia, que se manifiestan de forma diferente de un individuo a otro. Se trata de un trastorno multifactorial (genético/hereditario/ambiental). El diagnóstico es totalmente clínico, ya que no existen pruebas de laboratorio que confirmen o descarten el autismo.

Los niños con autismo pueden presentar algunos de estos signos: poco o ningún contacto visual; ausencia de habla o ecolalia o habla descontextualizada y sin función; no responder cuando se le llama (parecer sordo); tener manía por alinear objetos; preferir el aislamiento y no interesarse por otros niños; no saber jugar de forma funcional; no saber compartir intereses y atención; presentar necesidad de mantener siempre la misma rutina; presentar estereotipias o movimientos repetitivos con las manos o el cuerpo; presentar interés fijo por un determinado tema o apego a objetos; no comprender pensamientos abstractos; parecer insensible al dolor, frío, calor; presentar hipo o hipersensibilidad al tacto, luces, sonidos, olores, sabores; presentar restricciones alimentarias; presentar miedos exagerados o ausencia de miedo ante el peligro; tener rabietas o ataques de ira cuando se le contradice y otros. No todos presentarán los mismos síntomas y signos. Por eso es tan importante una evaluación especializada.

El 2 de abril es el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Y, este año, el tema elegido ha sido “El lugar de los autistas está en todas partes”. El objetivo es promover un mensaje inclusivo a la sociedad en relación con las personas autistas.

Y, como toda la sociedad, nosotros, la Comunidad Espírita (y de todas las otras religiones), necesitamos adaptarnos a esta nueva realidad y a este nuevo público, cada vez más presente en nuestras instituciones.

En cuanto a la Evangelización, lo primero que debemos hacer cuando recibimos a un niño con TEA es acogerlo con amor, cuidado y atención.

También es necesario  leer e informarse sobre el asunto y hablar con los padres y cuidadores para conocer mejor al niño: saber cuánta autonomía tiene (si sabe ir al baño y comer solo, por ejemplo) o si necesitará un acompañante; intentar averiguar qué le gusta y qué no, así como sus miedos y limitaciones y todo aquello que pueda ser importante para su aprendizaje y la buena convivencia con otros niños.

Hay niños a los que no les gusta que les toquen o que son muy sensibles al ruido, que no podrán estarse quietos o no se interesarán por el tema de la clase. En definitiva, son comportamientos diversos con los que el Educador tendrá que familiarizarse para poder lidiar con ellos. Por eso es tan importante hablar con los responsables.  Conociendo al niño, el evangelizador puede saber cuál es la mejor manera de trabajar con él y ayudarle, así como evitarle cualquier crisis o malestar.

Intente reforzar los buenos comportamientos y los puntos fuertes (lo que sabe hacer) con elogios y no refuerce los comportamientos inadecuados. Utilice las cosas que le gustan al niño (como juguetes y personajes favoritos) para enseñarle lo que quiere. Si hay una crisis, procure que el niño no se haga daño a sí mismo ni a los demás e intente cambiar el foco de atención distrayéndole con otra cosa. ¡Y mantenga la calma!

También es muy importante el trabajo de sensibilización, no sólo con los niños en el aula, sino con toda la comunidad, para que, conociendo, pueda entender algunos comportamientos y ayudar en el proceso de inclusión. Por eso, se puede hacer con los niños círculos de conversación, presentación de dibujos, cuentos, teatro, explicando el autismo de forma ligera, siempre enfatizando el respeto a la diversidad, la aceptación del otro como es, la importancia de ayudarlo en sus necesidades, incluso para evitar el bullying. Y con los adultos es posible dar charlas, impresos informativos, reuniones y muchas otras formas de sensibilización.

El tratamiento espiritual es muy importante, como el pase, la desobsesión, el agua fluida, la orientación para que los padres recen por sus hijos mientras duermen, el evangelio en casa. ¡Y nunca olvidar que el mejor tratamiento es el amor!

También hay que acoger y apoyar a la familia, ya que se les ha encomendado una tarea difícil y a menudo están muy cansados.

Así que, educadores, el consejo es: ¡amén, háganlo todo con amor! No es su obligación tratar al niño con TEA como si fuese un profesional. Su única obligación es amar. Amando, encontraréis la inspiración para hacer que las enseñanzas de Jesús lleguen al pequeño corazón de este niño, ya sea a través de canciones, dibujos, cuentos y muchas otras maneras.  Con solo escuchar sobre Jesús y sus enseñanzas, ya están evangelizados, no hay necesidad de hacer actividades si ellos no quieren. Por supuesto que debemos incentivarlos y tratar de saber cómo aprenden. Pero esto no es lo más importante. Lo más importante es que esté allí y se sienta querida. ¡Eso es inclusión!

Así habrás hecho tu trabajo de educación de este espíritu.

¡Espero haberte ayudado!

¡Gracias y paz a todos vosotros, trabajadores y sembradores de luz!

Regiane Cristina Villas Boas Gonzaga es pedagoga, Pós-graduada en ABA, en Psicopedagogía Clínica e Institucional y en Autismo. Autora del  libro O Autismo em minha vida es madre de Matheus Gonzaga (autista).

Centro Espírita Nosso Lar – Matão – SP – Brasil 

re.vbgonzaga@gmail.com

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