Maria do Carmo Sepulveda

Rio de Janeiro, Brasil

 

Las lecciones que Jesús legó a la humanidad permanecen vivas, y los que buscan orientaciones para su perfeccionamiento moral encuentran en ellas un camino seguro, una guía para enfrentar las difíciles situaciones que se presentan cotidianamente. 

 

En el libro A camino de la luz, del benefactor Emmanuel, a través de la psicografia de Francisco Cândido Xavier, se registra una declaración de suma importancia para los cristianos de todas las épocas: “si la Buena Nueva no se ha expandido con el paso del tiempo, es porque los pretendidos aspirantes a misioneros de Cristo no supieron cultivar la flor de la vida y de la verdad, del amor y de la esperanza que sus ejemplos implantaran en el mundo, ahogándose bajo una falsa religiosidad”.

 

En ese sentido, recordamos: los que abrazan el Cristianismo y creen que Nuestro Señor Jesús Cristo vino a nuestro Planeta para implantar el Reino de Dios en el corazón del hombre, deben prestar atención a la práctica diaria del cultivo de las enseñanzas que el Divino Jardinero ejemplifica.  

 

Sus primeras lecciones fueron dirigidas al grupo de discípulos que, invitados a colaborar en la divulgación de la Buena Nueva, se dedicaron, imbuídos de renuncia y sin medir esfuerzos, a la tarea tan sublime para la cual fueron llamados. Hoy, somos nosotros los divulgadores de los mensajes del Maestro, y debemos, velar por el evangelio – ese magnífico tesoro de virtudes que ennoblece nuestros espíritus.

 

En el cuento, El sueño de Startsi, de Tolstoi, por la psicografía de Yvonne do Amaral Pereira, hay una historia emocionante sobre la venida de Jesús a nuestro Planeta para experimentar los valores que impulsan el progreso espiritual del hombre. En el momento en que las virtudes que acompañan al Cristo llegan aquí para encontrarse con los habitantes de la Tierra, todavía en la distancia, la ven y se deslumbran por la exuberante belleza de la naturaleza que la caracteriza, y concluyen que el hombre -al ser recompensado por el Creador con un lugar tan especial para habitar- debe estar muy evolucionado para merecer tan gran privilegio. Deciden acompañarle para confirmar sus suposiciones, pero vuelven llorando de decepción y tristeza. Se dirigen a Jesús, denunciando las imperfecciones de los que viven en el lugar que recibirá su presencia luminosa.

 

El Maestro las consuela y esclarece, explicándoles que el objetivo de su venida al Planeta era, justamente, el de enseñar el amor, la humildad, la esperanza, la gratitud, la fe, la paciencia, el perdón, la lealtad, el trabajo, la mansedumbre y todas las demás virtudes, que fueron por Él ejemplificadas en sus acciones cotidianas, como lecciones capaces de transformar aquellos corazones, aún inexpertos, delante de la existencia. 

 

Así, se pinta con colores vibrantes la verdad que libera a la humanidad: el Evangelio de Jesús se constituye de un ramo de flores perfumadas que embellecen los espíritus. Esas flores raras son las virtudes enseñadas por el Divino Maestro hace más de dos mil años y que deben ser cultivadas desde a más tierna edad, con la ayuda de los padres y, por ende,de toda la familia, y, simultáneamente, de los evangelizadores que representan hoy los discípulos encargados de divulgar el mensaje de vida eterna vivida por el Dulce Nazareno. 

 

Por eso, la Educación Espírita de niños y jóvenes ocupa un lugar tan especial 

en las Casas Espíritas. 

 

Los recados de la espiritualidad sobre la importancia del Evangelio en la actualidad continúan llegando a la Tierra, y el Hermano Infinito nos los presentó en los mensajes que fueron reunidos en el libro O jardim do Senhor.  

 

Vamos pues, a recorrer algunas de sus páginas, destacando el poder transformador de sus lecciones, que pueden contribuir, en los espacios dedicados a la educación espírita de infancia y juventud, a sembrar los valores tan indispensables para la formación del carácter de quienes ahora inician su camino evolutivo.

 

En el mensaje, El mandamiento del amor, destacamos el alcance de la virtud que se despliega en múltiples pétalos, como una rosa de belleza inigualable: “El amor nació de Jesús, en forma de perdón, cuando exhortó a Pedro: ‘Hasta setenta veces siete’. [El amor brilló en la curación cuando el Maestro exclamó: ‘Levántate y anda’. [El amor tomó la forma de consuelo cuando dijo: “No os dejaré huérfanos”. […] El amor se expresó en forma de humildad, cuando lavó los pies de sus discípulos”.

 

¡Cuántas lecciones a cultivar, buscando el contexto de esas líneas para reproducir las historias relatadas en los evangelios! 

 

Caminhos do perdão, subraya el poder de esta flor liberadora que es capaz de revivir a quien la recibe y revitalizar a quien la ofrece. A través del perdón, las almas se renuevan para vivir en la ligereza de la alegría, caminando libres de las cargas de las heridas y los remordimientos: “El perdón de las ofensas, por los errores del prójimo y los propios, fue establecido por el Maestro Nazareno como un principio esencial para establecer el Reino de Dios en el corazón del hombre. [Aprender el mensaje del perdón y vivirlo cada día es uno de los objetivos de los discípulos de Cristo. […] Los caminos oscuros, pedregosos y espinosos se convertirán en senderos iluminados, flanqueados por lechos de alegrías eternas, en los que arroyos cristalinos murmuran himnos al Creador, cuando las almas, redimidas de su rencor, se iluminan con el sol del perdón”.

 

En el texto, Em tudo dai graças, el Hermano Infinito retoma la advertencia de Pablo, gran divulgador de las enseñanzas de Jesús, evidenciando el bien propiciado por el ejercicio de la gratitud, afirmando: “En todo dar gracias debe ser lema seguro para los seguidores del Maestro todas las mañanas, cuando la luz del sol toca nuestros cuerpos e ilumina los caminos oscuros, templando los corazones helados por la inseguridad y los miedos que nos alcanzan, en ese panorama en que vivimos momentos de temor y desesperanza[…] Demos gracias por todos los dones que caen sobre nosotros, pues, según el apóstol, “Todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios”.

 

En la Educación Espírita de niños y jóvenes, muchas actividades deben ser desarrolladas sobre la importancia del trabajo, virtud que eleva es espíritu y forja el carácter.

 

Entre flores e espinhos ratifica esos conceptos: “Si caminais hoy al borde del abismo del orgullo y el egoísmo, procura aferrarte a los arbustos redentores del trabajo y la humildad que te extienden las ramas amigas”.

 

Son innumerables lecciones evangélicas que nos llegan para renovar y fortalecer el corazón, cuando recorremos paso a paso O jardim do Senhor. , buscando absorber el perfume y disfrutar de la belleza de las flores raras plantadas en nuestro Planeta por el dulce Rabí de Galilea. 

 

Que podamos, como fieles administradores, multiplicar nuestros talentos para cuidarlos, preservándolos en toda su pureza, para que crezcan exuberantes en la siembra del Creador.




Maria do Carmo Sepúlveda como profesora de lengua portuguesa, se dedicó al estudio de la literatura, como incentivo a la formación de lectores. Oradora espiritista, busca la inspiración en el Evangelio de Jesús que siempre ha guiado su vida.

 

Traducción: Valle García 

 

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