Luciana Medeiros

Muchos de nosotros, un día, hemos tenido contacto con el Evangelio de Jesús. Un pasaje bíblico, una frase supuestamente mencionada por Él. Sin embargo, cuando atravesamos momentos difíciles en nuestra vida, llenos de dudas, pero pocas respuestas, suele ser en ese momento, en el silencio de nuestra alma, que nos detenemos a escuchar la voz del Maestro Divino y sus enseñanzas resuenan en nuestros pensamientos y corazones.

Jesús usa varios medios para hablar con nosotros, pero cuando nos retiramos a nuestro hogar, a la luz de sus enseñanzas y estudios edificantes, es cuando Él nos encuentra y se hace escuchar con claridad, ayudándonos a mejorar el ambiente de nuestro hogar y el rumbo de la sintonía mental de quienes la habitan.

El Médico de las Almas, nos escucha y conoce nuestros sufrimientos, nuestros dilemas, conoce nuestras tendencias y respeta nuestras elecciones. Por eso busca despertar nuestro discernimiento, fomentando el autoconocimiento, iluminando nuestra conciencia y fortaleciendo nuestra fe, ya que nos acepta como niños espirituales que somos, pero trabaja incansablemente para madurar frente a la vida y los designios de Dios, sin que perdamos el buen ánimo en el viaje.

Jesús, uno de los representantes divinos del universo, preside la tierra desde su creación, hasta su futuro. Sabiendo esto, podemos preguntarnos: “¿Qué planes lleva a cabo en el nombre de Dios?” “¿Cuáles son sus mayores preocupaciones sobre el destino de la tierra, las naciones y todos los que la habitamos?” … sin duda sabríamos cómo responder a estas preguntas, si aprendiéramos a escucharlo y practicáramos su Evangelio. Sin embargo, ¿cómo hacemos esto sin su presencia física? ¿Sin el sonido de su voz? Estas respuestas se volverían angustiosas si no tuviéramos al mismo Cristo para ejemplificarnos, a través de la forma en que predicó y vivió, valorando la oportunidad de dirigirse a cada persona, a cada Hogar, registrando sus enseñanzas en la historia, hoy relatada por los espíritus, a través del Espiritismo.

La forma de ver y actuar de Cristo fue mucho más allá de su tiempo. Donde solo notamos la transformación de una persona para bien, a través del simple contacto con su Evangelio, Jesús ciertamente vio la transformación moral de toda la humanidad, ¡a través de ese ser! El Divino Maestro utilizó el concepto de la importancia de la familia en la formación del individuo y la sociedad influyente, que encontramos y confirmamos en innumerables discusiones filosóficas, para difundir sus enseñanzas sobre el amor y sobre la vida futura, mucho más allá de Galilea y la época y de cuando habitó entre nosotros. Es por eso que debemos cuidar bien nuestra instrucción espiritual, así como nuestro Hogar, porque es a partir de esta educación que influimos en el mundo que nos rodea y que se convertirá en el Mundo de la Regeneración. Si queremos un mundo mejor, con todas las cualidades que solo el bien y el amor pueden ofrecer, ¿cómo sucederá si seguimos siendo “los mismos”, dentro de nuestros hogares, entregándonos al egoísmo y al orgullo, tan valorados por nuestra civilización actual?

Dios nos proporciona lo que necesitamos para la evolución espiritual, todos los días. El Hogar y la familia que nos acoge, la salud que brindamos, la sociedad que nos rodea … ¡Cómo es todo! Sin embargo, depende de nosotros discernir cómo utilizar estas herramientas de evolución. Y Jesús es la guía de nuestra vida, el pan espiritual que recibimos para alimentar nuestra alma y conciencia, hasta el punto de que desarrollamos el coraje y la resignación a través de su ejemplo de amor y así seguimos… 

Inspirado en el texto “El culto cristiano en casa”, de Neio Lúcio, psicografiado por Francisco Candido Xavier.

Libro: Jesús en el Hogar

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