Ana Tereza Camasmie

Brasil


Cuando hablamos de relaciones afectivas, un punto importante para la reflexión es cuando vivimos una relación que enferma gravemente, lo que puede llevar a la violencia afectiva. Cuando una relación presenta un conflicto constante y se ve completamente absorbida por las presiones cotidianas sin oportunidad de nutrirse espiritualmente, la violencia puede parecer la única salida. 

 

Es el momento de parar y reflexionar sobre lo que cada uno busca en esa relación. Hay numerosos factores por los cuales una relación se ve atrapada en la violencia como forma de contacto. 

 

Es posible que estemos buscando en el otro lo que no tuvimos en nuestras familias de origen. Y cuando nos desesperamos en estas antiguas faltas afectivas, generamos muchos problemas. 

 

Queremos del otro lo que no puede ofrecernos y vice-versa. Emmanuel nos da una pista cuando afirma: “en ciertos momentos de la experiencia es la mujer la que consiente creyendo encontrar en el esposo el retrato psicológico paterno, al que está ligada desde la cuna; en otros es el hombre a el que exige que la compañera de continuidade a la madre, a quien se ligó desde la vida fetal”¹

 

Nuestro benefactor nos sugiere que la relación de pareja debe constituir una “ruptura de lazos”, exigiendo de cada uno de nosotros la búsqueda de ayuda de médicos, psicólogos, amigos y consejeros cuando nos encontremos en este tipo de situación.  Además de eso, Emmanuel afirma que el conocimiento de la reencarnación puede traer un nuevo campo de observaciones y reflexiones en la dirección de la rearmonización afectiva².

 

Otro punto importante a tener en cuenta, son las llamadas relaciones abusivas, que ganan cada vez más destaque en los medios de comunicación. Al menos una vez en semana encontramos algún post en internet hablando sobre la violencia contra la mujer.

 

La palabra “abusiva” significa exageración, falta de respeto. Por eso, toda relación deja de ser sana y se convierte en abusiva cuando hay una pérdida del buen sentido y del equilibrio.

 

Cuando eso sucede, forzados muchas veces hasta las últimas fronteras de las resistencias, es natural, que el cónyuge, relegado al sufrimiento, haga uso del divorcio como medida extrema contra el suicidio, al homicídio u a otras calamidades que complicarían aún más su destino.

 

En la obra Acción y Reacción psicografiada por Francisco Cândido Xavier, dictada por el Espíritu André Luiz encontramos un caso que habla de la necesidad del divorcio:“Amanecía… el jefe de familia se mostró dispuesto a la consumación del execrable acto…” (matando a su mujer) Se imaginó la escena del asesinato, fabricando en su mente una sucesión de imágenes…

 

“¡Oh! si las criaturas encarnadas fueran conscientes de cómo se exteriorizan sus ideas…” La niña, desprendida de su cuerpo en reposo, al ver el terrible cuadro formado por el pensamiento de su padre, “experimentó una tremenda conmoción e inmediatamente volvió a su vehículo físico, gritando desaforadamente – ¡Papá! ¡Papá! ¡No la mates! ¡No la mates! “

 

“Los gritos de la niña resonaron por toda la casa, provocando un alboroto. Marcela, (la esposa) en un instante, se levantó…”

 

Los Espíritus aconsejan en el pensamiento de la esposa a aceptar el divorcio y explicar a André Luiz:

 

“En los problemas matrimoniales, agravados por la deserción de uno de los cónyuges o incluso por la deserción de ambos del deber de cumplir, el divorcio es comprensible como una providencia contra el crimen, ya sea el asesinato o el suicidio…”

 

 

¹,² Emmanuel, psicografia de F.C. Xavier. Vida y Sexo, capítulo 12. RJ: FEB, 1998.
 

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