Rosa Mª Pérez Duque

Cuánto nos gustaría hablar de consecuencias y oportunidades habiendo dejado en el pasado la situación generada por el Covid 19. Desgraciadamente aún estamos inmersos en ella.

En tan poco tiempo hemos podido comprobar cómo ha influido en muchos aspectos y con especial incidencia en la familia; núcleo de la sociedad, eje de sus cambios, lugar donde se educa primordialmente el Espíritu.

De la noche a la mañana, la vida cotidiana se vio profundamente afectada. Nos tuvimos que confinar en las casas, las escuelas se cerraron, los trabajos se paralizaron, la mayor parte de los servicios cesaron su actividad, las ciudades se silenciaron. 

Los hospitales se colapsaron, la calma de las calles solo se veía perturbada por las ambulancias, los vehículos de emergencias se movilizaban sin cesar para dar respuesta a la tragedia. 

Los protagonistas de la sociedad empezaron a ser otros, nuevos héroes entraron en nuestros corazones. Los ojos se llenaron de lágrimas y las fuerzas de estas personas anónimas se multiplicaron de tal manera que a ellas mismas sorprendió lo que podían soportar. Comenzamos a mirar a las personas mayores con una ternura indescriptible e hicimos acopio de todos los recursos emocionales para poder sobrevivir a tan abrupta convulsión.

En los hogares la convivencia sacó a la superficie la más pura realidad. 

Para aquellos que habían sembrado en educación y valores, sea cual fuere su creencia, su situación socio económica, pese a las dificultades y dispuestos a aprender, el confinamiento fue una gran prueba de fortaleza, de unión, de superación.

No fue igual para aquellas familias que habían asentado sus cimientos sobre el bienestar materialista. El impacto de verse sus miembros privados de las distracciones externas, de tener que quedarse en casa, dentro de la intimidad de la que huían, ocasionó problemas en las relaciones familiares. 

Ante una situación que presentó la enfermedad y la muerte como una posibilidad cercana, emergieron miedos y ante estos, nuevos planteamientos. Mas como todo es Providencia, el despertar de conciencias, afortunadamente se ha producido en muchas casas, en donde el imperativo de la emergencia sanitaria dejó paso a la relación verdadera, la humana.

Reflexiones en torno a la dolorosa realidad; búsqueda de medios para poder ser útiles a los vecinos; al que se encontraba solo, una llamada, dos, tres…Juegos de mesa que hubo que desempolvar, creatividad por doquier para que los más pequeños desarrollaran su día a día en la terapéutica del juego; aventuras culinarias que unían en la elaboración de recetas nunca hechas; las familias, unidas, salían al balcón o a la ventana para sentir el mundo. Y por encima de todo, un pensamiento de temor, un sentimiento de conjunto, una inevitable mirada al cielo. Nunca, los que vivimos hoy, sentimos tanta necesidad de Dios. 

Nosotros los espíritas, pudimos comprender más si cabe, la respuesta dada por los Espíritus a la cuestión 5 formulada por Kardec en El Libro de los Espíritus(1).

-¿Qué consecuencia se puede sacar del sentimiento intuitivo de la existencia de Dios, que todos los hombres llevan en sí? 

-Que Dios existe.

Si auscultásemos cada corazón, veríamos como en la gran mayoría de ellos había un ruego, solicitando Su amparo, Su protección. 

Las consecuencias de la pandemia, en las familias estructuradas, basadas en los valores del alma han sido positivas, aumentando sus esfuerzos, reforzando los lazos, elaborando planes para emprender nuevos rumbos. La comprensión se aumenta considerablemente dentro de los hogares donde el conocimiento espírita es aplicado en la convivencia diaria. Los estudios, el evangelio en el hogar y la educación infanto juvenil, la vida futura, han permitido extraer las enseñanzas de esta pandemia, y preparar a cada miembro de la familia para acompañar la transformación regeneradora de nuestro globo.

Mas no podemos dejar de contemplar la situación de los más jóvenes dentro de diferentes ambientes y circunstancias.

Unicef ha realizado informes sobre lo que han sido meses muy dificiles para la infancia y adolescencia, especialmente en el confinamiento (2). Aquellos que se encontraban anteriormente en situación de pobreza, migrantes menores no acompañados, los que presentan alguna discapacidad, los que son víctimas de violencia; los convivientes de familias desestructuradas, todos han visto incrementar su problemática. Unicef España advierte que es imprescindible poner sus necesidades específicas en el centro para que sus derechos sean garantizados, tanto en la etapa de atención a la crisis sanitaria como en la etapa de reconstrucción y recuperación.

Las entidades competentes detectaron un aumento claro de los problemas para el seguimiento del curso escolar. En los padres y madres que trabajaban desde casa, las entidades han identificado problemas de conciliación que se traducen en un mayor estrés y mal ambiente familiar, que acaba afectando a los niños y niñas.

Así también, han surgido problemas relacionados con la escasez de recursos, como las dificultades para adquirir productos básicos, la dieta insuficiente y desequilibrada o la pobreza habitacional y energética. Al final del segundo trimestre de 2020 había más de 400.000 hogares en España, con niños, niñas o adolescentes con todos sus miembros sin empleo. La falta de actividad y relaciones con el exterior, han incrementado la tensión y violencia en las familias y núcleos de convivencia.

Es el momento de despertar de una forma global a las necesidades sociales. El Covid-19, ha llamado a todas las puertas y ha dicho a las familias que viven en cada hogar:- ¡Prestad atención, sed conscientes de lo que ocurre en vuestras casas, en las relaciones que entabláis, recuperad el contacto, el diálogo, la escucha! Es más, ¡Mirad al resto del mundo, sois parte de él y hay hermanos vuestros que sufren la injusticia humana, el desprecio, la mirada esquiva! Son llegados los tiempos del cambio y este debe de partir de vuestro interior, del convencimiento. 

Es primordial contribuir al progreso social, a la equidad y a extender mediante el ejemplo las enseñanzas espíritas, pues en ellas están las bases de la transformación familiar y por ende de la humanidad. Hemos aprendido a valorizar el potencial de cada uno y la riqueza del trabajo en grupo. Dentro del hogar hemos visto la necesidad de hablar de la muerte como un hecho natural, se ha despertado la búsqueda del ser espiritual y la oración, ahora más que nunca, saldrá del corazón.

Así tal como viene recogido en el Evangelio según el Espíritismo trabajaremos en estos tiempos de cambio, unidos por un mundo mejor (3):

 […] por los progresos realizados podréis deducir los progresos futuros y por las mejoras sociales adquiridas, las nuevas y más fecundas mejoras.

 

(1) Kardec, Allan. Libro de los Espíritus.

(2) https://www.unicef.es/impacto-covid19-infancia

(3) Kardec, Allan. El Evangelio según el Espiritismo. Cap.V. ítem. 20

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