“Apreciando los escaparates, observando la figura destacada de Papá Noel, mi pensamiento va más allá en la búsqueda del pesebre navideño. Desde mi infancia, aprendí que la Navidad es la conmemoración del nacimiento de Jesús, nuestro Maestro, que nos legó el eterno mensaje de amor hacia el prójimo. Meditar sobre sus palabras es abrir las compuertas de nuestra alma para el cultivo y la práctica de sentimientos nobles tales como: la fraternidad, la compasión, el perdón, la reconciliación con los seres distanciados.”

– Lucia Moysés

Navidad en nuestros corazones*

Por Lucia Moyses

 

     Las calles y escaparates decorados con una inmensidad de colores y luces anuncian la llegada de una nueva Navidad. Para muchos, será un sinónimo de felicidad, unión, afectos y obsequios: familias reunidas entrelazando los corazones de dos o tres generaciones, niños alegrando el hogar con risas y juegos, bajo la amorosa mirada de los adultos que, al verlos, quizás revivan las escenas pasadas junto a sus seres amados de otras épocas.

     En mi mente, esas imágenes plenas de satisfacción se mezclan con otras, sin brillo y descoloridas: la de una Navidad de ancianos que ya no cuentan con la compañía de sus familiares; la de personas solitarias que se sienten aisladas sin la presencia de sus seres queridos que partieron, o de los se alejaron de ellos por diferentes motivos. Imagino el dolor causado por la soledad, especialmente en una época que debería ser de reencuentros y celebración, como lo es la Navidad. Creo que las reminiscencias felices, que muchos guardan en la memoria, deben oprimir, aún más, el corazón en estos momentos.

     Apreciando los escaparates, observando la figura destacada de Papá Noel, mi pensamiento va más allá en la búsqueda del pesebre navideño. Desde mi infancia, aprendí que la Navidad es la conmemoración del nacimiento de Jesús, nuestro Maestro, que nos legó el eterno mensaje de amor hacia el prójimo. Meditar sobre sus palabras es abrir las compuertas de nuestra alma para el cultivo y la práctica de sentimientos nobles tales como: la fraternidad, la compasión, el perdón, la reconciliación con los seres distanciados.

     Para una infinidad de personas obsequiar a las personas más próximas, reunir a los amigos y familiares alrededor de una mesa abundante, promover la confraternización con sus colegas son formas de expresar el afecto y el cariño.    Sin embargo, el sentido de la Navidad con Jesús es mucho más profundo. Más allá de una fecha en el calendario, debe ser una invitación a la reflexión, la toma de decisiones que traigan de vuelta la serenidad y ciertos encantos perdidos. Cuántos hogares acogen a hermanos que no se hablan; cuantos padres vieron a sus hijos cortando los lazos fraternos, distanciándose del clan doméstico. En muchos casos, una vez pasado el momento del desencuentro, el paso del tiempo se encarga de difuminar los sentimientos y recuerdos amargos, dejando el espíritu abierto a la reconciliación. Orgullos heridos y penas pueden ser superados cuando se encuentran personas amigas que, colocando en práctica el mensaje del Evangelio, crean situaciones que favorecen el acercamiento de los que están distanciados. Mirando a nuestro alrededor, encontrando situaciones como estas, seamos nosotros los mensajeros de la paz.

     Pero nuestras acciones inspiradas por el nacimiento del Amado Maestro también pueden direccionarse hacia los ancianos y solitarios. Aquellos que han vivido días de casas llenas, iluminadas por el brillo de los ojos de los niños y donde los sonidos de la música se mezclaban con conversaciones, risas y charlas infantiles, pueden encontrarse perdidos en los recuerdos, sintiendo cómo les oprime el pecho la nostalgia de un tiempo pasado.

     Otros, por diversas razones, llegaron solos a esta etapa de la vida en la que el vigor ya no existe, los amores ya partieron para otros planos, y el silencio plantó su morada.

      Situaciones similares a éstas se dan a menudo muy cerca de nosotros.  ¿No sería hora, mirando las lecciones que nos ha legado nuestro Amigo del Cielo, de dar a los que están solos nuestro afecto, nuestra atención y nuestros cuidados a través de acciones sencillas que podrían colorear sus días? Podríamos pensar en algo como una visita, una llamada telefónica. O, incluso, una invitación para estar con nosotros cuando nos reunamos con la familia en las fiestas navideñas. Estoy segura de que a algunos de ellos les gustaría participar en un acto de la congregación religiosa a la que solían asistir cuando eran más jóvenes, o dar un paseo donde la decoración de fin de año sea una atracción. Podemos ofrecernos a llevarles. Otra opción es visitar residencias de ancianos u hospitales, ofreciéndoles compañía y afecto. Hoy en día, con los recursos tecnológicos de que disponemos, quizá una buena idea sea crear videollamadas que conecten a las personas que están solas con sus seres queridos que están lejos.

     Es importante recordar que pequeños gestos amorosos pueden tener un impacto significativo en la vida de alguien que se siente solo, aunque sea por un día, como dice el Espíritu Hermano X, en la obra Antología Mediúmnica de Navidad, en la psicografía del querido Chico Xavier:

   

     “No importa que seas, por ahora, tierno y generoso con el prójimo solamente por un día… Poco a poco, aprenderás que el espíritu de la Navidad debe reinar entre nosotros en todas las horas de nuestras vidas. Entonces, serás el hermano abnegado y fiel para todos, porque, cada mañana, escuchará una voz del Cielo susurrándote, sutilmente: — ¡Jesús nació, Jesús nació!... Y el Maestro del Amor habrá realmente nacido en tu corazón para vivir contigo eternamente.”

 

     Que todos tengamos una Navidad en paz.

*Artículo em português publicado en el periódico Correio Espirita – diciembre/2024.




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