Autora: Valle Garcia


El 1 de mayo de 1880 nace en Sacramento, en Minas Gerais, Brasíl, Eurípedes Barsanulfo.


Fue el tercer hijo, de los trece que tuvo la familia. Sus padres, Hermógenes Ernesto de Araujo, también conocido como “Señor Mogico” y Jerónima Pereira de Almeida, también llamada cariñosamente “Señora Meca”, hicieron lo posible para sacar adelante tan numerosa familia.


Su infancia no fue fácil, pues pese a los esfuerzos de los padres por criarlos, la alimentación diaria de la familia era deficiente y su madre sufría, desde el nacimiento de una de sus hijas, crisis recurrentes que le reportaban gran sufrimiento.


Sus primeros estudios los hizo en la escuela primaria del señor Joaquín Vaz de Melo Júnior, conocido por “Tatinho” y es en 1889, cuando se funda el Colegio Miranda en la ciudad, dirigido por el profesor Juan Derwil de Miranda que más tarde colaboraría, como educador, con Barsanulfo en el Liceo Sacramentano. 


Desde niño ya destacaba su vocación y, como en el caso de Kardec, fue enseguida promovido a la clase adelantada, asumiendo muchas veces la función de monitor y de asistente de los profesores, iniciando así sus primeras actividades pedagógicas. Eurípedes permaneció en esa Institución hasta 1901 y en ella creó procesos didácticos propios en Lengua Portuguesa y Ciencias Naturales, que se tornaron fundamentos de sus procesos pedagógicos.


Entre los 12 y 13 años, fundó el Gremio Dramático Sacramentano, donde, en la expresión del arte poético y teatral, demostró gran capacidad intelectual. Actuó en varias piezas, principalmente con orientación cristiana, anticipando su preocupación con la necesidad de implantación de nuevos rumbos de la humanidad.


Es en el año 1902 cuando su padre le lleva a Río de Janeiro. Su objetivo era matricularlo en una escuela de Medicina y, también encontrarle un empleo. Consiguió un cupo en la Escuela de Medicina de la Marina. No obstante, en la víspera de su partida, “Meca”, su madre sufre una crisis. Creyendo todos que no resistiría la separación del hijo, Eurípedes decide deshacer las maletas, desistiendo de su ingreso a la Escuela de Medicina.


No pudiendo hacer estudios universitarios, comienza su etapa como autodidacta, mostrando así su gran voluntad y su resiliencia frente a las dificultades.


Era un lector ávido y cada lectura despertaba en él, al Espíritu culto y noble que había en él consiguiendo poseer una amplia y asombrosa cultura. 


Adquirió profundos conocimientos de Medicina y Derecho, y disertaba sobre Filosofía, Matemáticas, Astronomía, Literatura, Física, Ciencias Naturales…


Es conocido también que creó, con sus propios recursos, bajo la guía del espíritu de Bezerra de Menezes, una pequeña farmacia homeopática, Farmacia Espírita Esperanza y Caridad, en la que atendía a los más necesitados de su ciudad. 


Así se ganó la confianza, el respeto y la admiración de todos gestándose en él un profundo amor por sus semejantes.


Con veintidós años, ya demostraba ser un maestro innato y muy estimado por los colegas y los alumnos.


El 31 de enero de 1902, Eurípides funda por su iniciativa el Liceo Sacramentano que contaba con un equipo de socios muy competentes y con profundo amor a la educación, una educación que se revelaría sin antecedentes en su época. Inspirados en su maestro, los alumnos crearon un servicio de asistencia, la Sociedad de Amiguitos de los Pobres, que promovía distintas iniciativas y donaciones con las que consolar y ayudar a los más necesitados.


En poco tiempo, la fama del Liceo alcanzó a otras ciudades, cuyas familias enviaban a sus hijos a estudiar a Sacramento.


Eurípides pronto crea un proceso pedagógico propio, utilizando el Arte serio, pues veía en la Dramatización una manera de moralizar el ambiente social, a través de los procesos psicológicos de la imitación, los cuales identificaba a los personajes con el público. En sus métodos encontramos la influencia de Pestalozzi, Kant, Spencer. Era, sin duda, un alma volcada, desde eras anteriores, con el compromiso de la Educación. Educar almas era su objetivo.


Supo conjugar, pedagógicamente, la experiencia como recurso indispensable para el aprendizaje, huyendo del concepto que regía en la época de aprendizaje por el simple contacto con los libros. Así incluyó innumerables prácticas que propiciaron el aprendizaje moral, emocional, la formación de actitudes afectivas, proponiendo modificar actitudes y hábitos.


Es a principios de 1903 cuando tiene conocimiento de la Doctrina Espírita a través de su tío Mariano de Cunha, médium. Éste le entrega un ejemplar de la obra de León Denis, Después de la Muerte, sintiéndose irremediablemente atraído por la maravillosa pluma del Apóstol del Espiritismo.


Es en 1904 cuando asiste en Santa María a una reunión espírita. Ese día Eurípides escucha de la boca del médium Arístides, la “más extraordinaria disertación filosófico-doctrinaria que jamás había conocido, en toda su vida, sobre el luminoso discurso de Jesús.”, como respuesta a una pregunta que había hecho mentalmente sobre las Bienaventuranzas. Al final de dicha comunicación, el Espíritu revela su identidad: se trata de Juan Evangelista.


Unos días después, regresa de nuevo a Santa María y recibe un mensaje de Vicente de Paul que se revela como su Guía Espiritual y que le invita a crear otra institución, cuya base- le dice- será Cristo y cuyo director espiritual seré yo y el comandante espiritual, usted. Además, el Espíritu Vicente de Paul, le alerta de la soledad, la incomprensión y la hostilidad que sufrirá en adelante.


Es entonces que, a causa de las circunstancias que se van acumulando, tienen que abandonar el antiguo Liceo y retomar la actividad docente en un salón puesto a disposición de Eurípides. En ese momento, decide añadir al currículo de enseñanza, el estudio de la Doctrina Espírita, decisión que no cuenta con el apoyo de los padres, católicos en su mayoría, que deciden retirar a sus hijos de la institución.


Sintiéndose abandonado por todos, recibe un pequeño mensaje espiritual: “No cierre las puertas de la escuela. Retire el aviso de la denominación Liceo Sacramentano, -que es un resquicio del orgullo humano. En su lugar, coloque el nombre: Colegio Allan Kardec. Enseñe el Evangelio de mi Hijo, los miércoles e instituya un curso de Astronomía. Cubriré el Colegio Allan Kardec con el manto de mi Amor.” María de Nazaret.


Es así como nace, en 1907, el colegio Allan Kardec, la primera escuela, con un currículo eminentemente espírita. En ella, Eurípides enseña Espiritismo como verdad esclarecedora.


LA PROPUESTA EDUCATIVA DE EURÍPIDES BARSANULFO


La llave de la reforma prevista en la Humanidad es la regeneración de la misma. Un proceso que sólo puede hacerse a través de la Educación. Una educación que ha de envolver de forma amplia los diversos matices del ser y que precisa de la movilización de todos los sectores de la sociedad.


Comprendiendo estas cuestiones, la propuesta educativa de Eurípides Barsanulfo es altamente integradora y dinámica, atenta a la complejidad del ser, a la estructura del espíritu: cerebro y corazón, intelectualidad y sensibilidad, raciocinio y emoción. La verdadera educación, entonces, tendrá que atender esas peculiaridades para alcanzar su objetivo mayor de formar al hombre, al ser humano nuevo, base de la sociedad que se transformará a su vez.


Podemos entonces resumir la propuesta educativa de Eurípides Barsanulfo como una propuesta válida y actual, adecuada para el tercer milenio, en cinco frentes de acción:


Educación-Instrucción: formación del individuo como ciudadano y agente social capaz de influir en su entorno y modificarlo. El estudio de las artes, la inclusión del deporte y los juegos, son de importancia capital para la socialización, el aprendizaje, la puesta en práctica de valores colaborativos, de la solidaridad, el respeto y la inclusión.


Educación Social: la necesidad de una pedagogía más humanística, centrada en las necesidades del alumno como ser humano, atendiéndole en su forma de ser y sentir. Cada ser es único y con potenciales que le diferencian del resto. De ahí la importancia de vislumbrar sus potenciales, ayudándole a descubrirlos y ponerlos al servicio de su crecimiento personal y de la sociedad en general.


Educación para DIOS: la Educación no cumpliría su papel si no se encaminase hacia la unión del ser con el Creador. 

Auxiliar desde la infancia a las personas para que comprendan que son seres espirituales en esencia, no pudiendo olvidar esta filiación con Dios. No somos únicamente los cuerpos que vemos sino espíritus eternos destinados a la perfección y responsables de nuestros actos.


Educación en el Hogar: es este un frente esencial para la Educación que promueve la transformación de la sociedad. 

La educación en el ambiente doméstico ha de trabajar todos los aspectos emocionales, afectivos, del carácter, de los sentimientos, de la personalidad y del aspecto moral. Por medio de una nueva reencarnación el espíritu regresa al plano físico para rectificar sus antiguos errores, aprender y desarrollar las virtudes mejorando los sentimientos. De todos los ambientes de convivencia y esfuerzo intelectual, el hogar es en el que el espíritu recibe las primeras lecciones en lo relativo a los valores universales e imperecederos, como fruto de la convivencia con los padres, hermanos, etc. Los padres son los grandes profesores del sentimiento y del carácter de sus hijos. Es la escuela del afecto, la universidad del amor.

Es por lo tanto indispensable revelar a los padres la inmensa responsabilidad a la que están llamados y hacerlos partícipes de acompañar a sus hijos en este proceso educativo.


Auto-educación: la necesaria reforma íntima que requiere de evangelización, en el sentido del trabajo de adquirir, basándose en las máximas de  Jesús, una conducta que ejemplifique el amor, el perdón, la caridad, la benevolencia, y, en definitiva todo aquello que nos hace hombres y mujeres de bien, lo que, sin duda, redundará en una sociedad más justa, más libre, más amorosa.


Es el 1º de noviembre de 1918 que regresa a la Patria Espiritual, dejando para todo este gran legado educativo, y según las noticias recibidas del plano espiritual, allí dirige una gran institución, HOSPITAL ESPERANZA, con la finalidad de educar y preparar a los espíritus para los objetivos del Tercer Milenio.


Bibliografía: 


  • Eurípedes Barsanulfo, um educador espírita na Primeira República, autor: Alessandro Cesar Bigheto, Dissertação de Mestrado, Orientação Prof. Dr. Sérgio Eduardo Montes Castanho, Unicamp – Campinas 2006

  • Anuario Espírita, 2011


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