
Eran las nueve de la noche cuando Gabriela, después de darle un beso a sus papás y a sus hermanitos, se fue a su cuarto y se acostó en su camita. Pero primero tomó una rubia muñequita, un conejo y un oso de peluche y se arropó junto con ellos para hacer sus oraciones, como todas las noches. Llovía y el agua que repiqueteaba en su ventana la fue arrullando, lentamente se quedó dormida y comenzó a soñar; se vio a sí misma caminando por un sendero bordeado de árboles, que le era totalmente desconocido.
A medida que iba avanzando por el, una sensación de paz hacía latir alegremente su corazoncito. Pronto se encontró con un hermoso jardín, colmado de bellas y perfumadas flores, coloridas mariposas, el alegre canto de los pajarillos, y una encantadora casita. . Gabriela llamó suavemente a la puerta y una dulce y pausada voz se dejó oír desde el interior- ¡Adelante! Gabriela entro tímidamente observando que todo era muy humilde allí adentro, pero de una blancura inmaculada, iluminada por una bienhechora luz. Junto a un hogar, donde bailoteaban alegremente las llamas, se sentaban dos viejecitas, de dulcísimo mirar, y de rostros muy bondadosos; que le preguntaron al mismo tiempo:

-¿Quien eres, querida niña, tienes familiares?
-Soy Gabriela, contestó, tengo dos hermanitos, mi mamá es muy buena y mi papá es el tapicero del pueblo.
¿Y ustedes quienes son ?
-Bueno… yo soy Caridad, dijo una de ellas, y mi hermana es Humildad, ¡Tenemos casi tantos años como el mundo!
-Uhh, si tienen tantos años… ¡deben ser muy conocidas, deben tener mucho amigos! Dijo Gabriela con más confianza.
-Te equivocas querida niña, a pesar de ser tan antiguas, muy pocos humanos nos conocen!
-¿Qué extraño, dijo la niña, por qué será que son tan poco conocidas?
-Porque tenemos dos enemigos, que no nos dejan entrar en muchos corazones, ni visitar sus hogares.
-¿Quienes son? Preguntó la pequeña muy asombrada.
-Ellos son el Egoísmo y el Orgullo, con todos sus hijos, la vanidad, la indiferencia, y tantos otros… Pero tú nos puedes ayudar a que sean más numerosas las puertas que se nos abran.
-¿Yo Qué puedo hacer?
-Ve, y diles a tus hermanitos, y a todos tus amiguitos, como tú también lo harás, que todas las noches piensen en Jesús, aprendan sus enseñanzas y pidan en sus oraciones a Dios, que permita que poco a poco podamos visitar los hogares de todo el mundo, para que este sea cada vez mejor!
En ese momento Gabriela despertó. Jamás olvidaría ese hermoso sueño, ni de cumplir aquella terea que le encomendaran. ¿Qué les parece niños, ayudamos a Gabriela?
El Gnomo Consejín (Roberto Manco)
Semillitas de Luz
