En la valoración de nuestra administración se tendrán en cuenta muchos factores: los talentos personales, las posibilidades físicas y mentales, la disponibilidad de bienes materiales, el apoyo de familiares y amigos, en definitiva, todo lo que tenemos a nuestra disposición.

 

Por eso, es importante que nosotros, a partir de ahora, evaluemos cómo ha sido nuestra gestión. Y, si comprobamos que no ha sido la mejor, esforcémonos en mejorar nuestro rendimiento.

RENDIR CUENTAS DE LA ADMINISTRACIÓN – Espírito Emmanuel

 

Cada vez que buscamos las palabras de Jesús, encontramos en ellas motivos para una reflexión profunda.


Cuando cuenta a sus discípulos la parábola de un hombre rico que tenía un mayordomo infiel que desperdició sus riquezas, nos hace una seria advertencia: todos tendremos que rendir cuentas de nuestra administración.


Quizás ya hayas respondido mentalmente que no administras nada y que, por tanto, no tendrás que rendir cuentas de nada.


Sin embargo, un examen más detenido nos lleva a darnos cuenta de que todos somos administradores en diversos grados.


Somos, como mínimo, administradores de nuestras propias vidas, y eso es suficiente. Individualmente, cada persona gestiona su tiempo, sus actividades, y todo ello conlleva la responsabilidad personal de sus propios actos.


Os pais são importantes administradores, não só no que diz respeito à organização e harmonia do lar, mas também na grave questão da educação dos filhos.


Seguramente tendremos que dar cuenta a la Divinidad por la administración de este apartado llamado hogar.


En el ámbito profesional no es diferente. No importa en qué sector de la vida trabajemos, tendremos que rendir cuentas de lo que hemos hecho.


Ya seamos barrendero, agricultor, jardinero, profesor, médico, arquitecto, político o tengamos cualquier otra profesión, algún día tendremos que rendir cuentas.


Todos nosotros, sin excepción, nacemos con las posibilidades que necesitamos para nuestra evolución.

De esta manera, debemos florecer donde fuimos plantados por el Padre amoroso y justo, que nos concede, no lo que nos gusta o queremos, sino lo que necesitamos.


Nuestra dedicación, los esfuerzos que hagamos para desempeñar bien nuestro papel en el conjunto, pueden parecer insignificantes, pero serán de gran valor cuando tengamos que responder, ante las leyes que rigen la vida, a lo que hemos hecho con nuestra administración.


Y cuanto mayor sea nuestro rango de acción, la influencia que ejerzamos sobre las personas y las situaciones, mayor será nuestra responsabilidad.


Si, en el contexto en el que estamos insertos, desperdiciamos los recursos que Dios nos confía, actuando como el capataz infiel, las consecuencias serán ciertamente amargas.


Y si eso sucede, no tenemos a nadie a quien culpar excepto a nosotros mismos.


En la valoración de nuestra administración se tendrán en cuenta muchos factores: los talentos personales, las posibilidades físicas y mentales, la disponibilidad de bienes materiales, el apoyo de familiares y amigos, en definitiva, todo lo que tenemos a nuestra disposición.



Por eso, es importante que nosotros, a partir de ahora, evaluemos cómo ha sido nuestra gestión. Y, si comprobamos que no ha sido la mejor, esforcémonos en mejorar nuestro rendimiento.

Livro Palavras de Emmanuel,Cap. 40,  pelo Espírito Emmanuel, psicografia de Francisco Cândido Xavier, ed. FEB.

 

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