
Por Jorge Camargo – México
Nuestro planeta ha llegado a sus límites extremos en todos los órdenes. Existe mayor desigualdad económica, violencia y violencia de género; discriminación; contaminación y remarcadamente una generalizada expresión de vacío existencial.
Las personas buscan llenar ese vacío de diferentes formas. Por medio de la adquisición de bienes, de los placeres mundanos -del mundo- o enrolándose en diversas prácticas espirituales que se inclinan más a lo místico que a la auto responsabilidad de la transformación, debido a que algunas religiones han quedado atrás de las necesidades del alma humana producto de los dogmas.
Pero también podemos testimoniar el surgimiento de activismos grupales o individuales de personas que empujan para construir un desarrollo económico, político, social y medio ambiental más justos para todos, priorizando los valores esenciales y no los materiales, a lo que la industria del consumo reacciones con estrategias muy diversas.
Recordemos a Jesús decir: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Y no sólo la Filosofía Espírita es un camino que trabaja con el desapego, sino muchas otras prácticas espirituales también.
Existe una venturosa transformación del concepto religioso por el espiritual, que es mucho más general y en el que todas y todos cabemos, y donde la culpa como norma ha dejado de tener la fuerza que por siglos dominó la mente humana.
En esos momentos de agitación, el mundo, nosotros, hemos sido llevados al límite por la pandemia del Covid-19 y todo fue detenido por un microorganismo. El poderío político, económico y militar han sido rendido, mostrando su paradójica debilidad.
La Filosofía Espírita es un camino espiritual vasto que nos ofrece las herramientas para entender estos acontecimientos y poder no solo transitarlos, sino apreciarlos como un proceso transformador divino y amoroso, sino también como una oportunidad de transformación de nuestra conciencia, a partir de reconocernos como espíritus inmortales, cuya meta es la conciencia divina.
El maestro Jesús en su Sermón del Monte, de acuerdo con Mateo 5:5, dijo “bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. La conjugación en todas las traducciones del Nuevo Testamento, al igual que en El Evangelio Según El Espiritismo, es en el futuro.
Cristo se refería a una continuidad de la tierra y que ésta se iría renovando, de tal manera que se convertiría únicamente en una herencia para las almas que hayan logrado construir virtudes como la mansedumbre.
Por mansedumbre no se debe entender subordinación frente al poder ni renuncia de la conciencia, sino el entendimiento que solo proviene del saber que todo lo que ocurre proviene de nuestra propia planeación y para nuestro mayor bien.
Sin el concepto de la reencarnación y la transitoriedad de la vida física, no es posible comprender estos elevados conceptos.
Entonces, Jesús ya anunciaba una tierra en transición y describía las características espirituales de esos habitantes futuros. Un mundo donde las virtudes condujeran los actos de todas y todos. ¿Lo hemos logrado? ¿La pandemia es la Gran Reflexión?
En el libro La Génesis, en el capítulo “Los tiempos han llegado”, Allan Kardec no explica que la transformación del mundo se produce no solo por los espíritus en éste encarnados, sino también por la participación de los desencarnados “que lo pueblan”.
Kardec es muy claro en este capítulo al establecer que el recambio de generaciones encarnadas se realiza incluso para propiciar modificaciones en las formas de pensar y por tanto de actuar.
Por ello habla de dos tipos de transformación. Una lenta y gradual y, la otra, rápida, por cambios bruscos, “ a cada uno de los cuales corresponde un movimiento ascensional.
La transición planetaria está en los pilares de las enseñanzas de los espíritus a través de Kardec, quien nos advierte también que el movimiento progresivo se cumple, a veces, de modo parcial, “limitado a una raza o a una nación, y otras veces es general”.
No obstante, Kardec nos advertía que a la humanidad encargada aun le faltaba un inmenso progreso: “hacer que reinen entre ellos la caridad, la fraternidad y la solidaridad, que habrán de garantizarles el bienestar moral”.
Para todas y todos debe quedar claro que, en sintonía con Jesús y Kardec, el trabajo es interno. El Espiritismo no puede ser únicamente una referencia bibliográfica, sino un camino espiritual que debe practicarse todos los días, por el pensamiento, la palabra y la acción.
Por cualquiera de ellas comprometemos nuestra vida futura, pero también por ellas podemos acceder a mayores niveles de consciencia. De nosotros depende la profundidad de nuestra práctica, para alcanzar primeramente algo en lo que Jesús insistió tanto y que poco comprendimos, aún: la paz mental.
Cada uno reforma su casa mental, su casa interior, que no es más que el reino de los cielos, a los que Jesús se refirió. Solo a través de este cambio podemos ayudar a la transición planetaria, a través de un ejercicio de ensayo y error.
Jorge Camargo Zurita. Presidente del Consejo del Consejo Espírita de México y representante ante el Consejo Espírita Internacional. Conferencista espírita internacional.
REFERENCIAS:
- El Evangelio Según el Espiritismo, Allan Kardec., editorial CEI.
- La Génesis, editorial CEI
- Los Milagros y las Predicciones según El Espiritismo, editorial CEI.
